Camaleones de Pueblo: Crónica de una Mutación Política Arequera
SOCIEDAD | SAN ANTONIO DE ARECO | 07/17/2025 |
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Camaleones de Pueblo: Crónica de una Mutación Política Arequera
Por Sebastian Di Belli
Hace más de dos décadas que la política de San Antonio de Areco se transformó en una obra teatral costumbrista, donde siempre actúan los mismos personajes, pero con distinto vestuario. El reparto se mantiene, lo que cambia es el color del telón y el eslogan de campaña. Detrás de cada nuevo “frente” o alianza con nombre moderno y promesas oxidadas, se esconde la misma receta: repartirse la torta del poder en porciones cada vez más grandes, pero para comensales cada vez más exclusivos.
La escena es casi poética, si uno aprecia la ironía. Cada elección renace con discursos de transformación, de “volver a poner a Areco de pie”, como si alguna vez hubiésemos estado realmente de rodillas y no directamente en el suelo. Como el camaleón, cada dirigente cambia de color según el clima político. ¿Coherencia? ¿Proyecto a largo plazo? Por favor, esas son rarezas del siglo pasado.
Desde el siglo XXI, Areco ha sido víctima —más bien rehén— de una dirigencia con vocación perpetua. Cambian de partido como quien cambia de auto: por conveniencia, y sin mucho apego por el anterior. Hay quienes entraron por la puerta del radicalismo, pasaron por el kirchnerismo, coquetearon con el vecinalismo, abrazaron el massismo, saltaron al macrismo y hoy flamean banderas libertarias sin que se les mueva un músculo de la vergüenza.
Y entre salto y salto, ¿qué dejaron? Un pueblo sin infraestructura, sin identidad y sin rumbo. Calles rotas, servicios básicos de fantasía, jóvenes que se van, y vecinos que ya ni se saludan por defender a políticos que no los defenderían ni en una reunión de consorcio.
Conviene recordar —por si la amnesia colectiva sigue haciendo estragos— que tras la caída de Jose Cames, Areco se sumió en una espiral que aún no encuentra salida. Eduardo Jordán, aquel radical de cepa, se convirtió en radical K de ocasión, al calor de Néstor Kirchner. Años después, ese capítulo fue cuidadosamente escondido debajo de la alfombra, como los adornos navideños.
Estela Lennon, con su aire vecinalista y gestos de conciliación, unió lo que quedaba del peronismo con retazos del radicalismo. Todo muy amigable, muy de pueblo chico… hasta que llegó Durañona. Con él, desembarcó el modelo nacional y popular versión premium: subsidios, relato, épica… y una buena parte del elenco nacional hoy desfilando por tribunales o redactando columnas desde el ostracismo.
Luego vino Francisco Ratto, que parecía prometer algo distinto. Y cumplió… porque nadie había prometido tantas alianzas en tan poco tiempo. Su currículum político parece el mapa de una estación de trenes: empezó con la UCR, pasó por Viva Areco con Lennon, saltó al Frente Renovador con Massa, luego al PRO con Macri y ahora, como buen emprendedor ideológico, está con La Libertad Avanza. Un verdadero poliamor político.
Mientras tanto, los vecinos siguen mirando el desfile desde la vereda. Algunos con bronca, otros con resignación, y muchos —demasiados— con olvido. Por eso, quizás haya que empezar a contarles a los más jóvenes cómo se gestaron estos frentes, estas coaliciones que cambiaron de nombre cada cuatro años, pero nunca de beneficiarios.
Porque si hay algo que ha fracasado de forma escandalosa en Areco, no son los proyectos. Son los políticos. El modelo Areco no solo fracasó: se rindió. Y mientras los de siempre se siguen repartiendo los pedazos de poder, a los vecinos solo nos queda una porción: la de la memoria. Que no alimenta, pero al menos, nos recuerda a quién no volver a votar.
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2026-03-08 19:23:06







